jueves, 28 de agosto de 2014

RELATO DEDICADO A LAS RATAS DE ALCANTARILLA Y A SUS SECUACES

Falta de riego. La verdad es que la doctora le había dicho muchas mas cosas pero él se aturullaba siempre en su presencia y no se quedaba con todo. Se la veía con tanta prisa a la pobre que su cabeza se revolucionaba para tratar de entender deprisa lo que le decía y no metabolizaba el contenido de sus palabras si es que lo tenía. -Vale, falta de riego-. Los sonidos en sus oídos eran debido a falta de riego. Luego, la médica había tecleado unos segundos en su ordenador. Ya esta. Diga que pase el siguiente.

Parecía un milagro. En su tarjeta médica ya constaba el nombre del medicamento que estaría lleno, sobre todo, de contraindicaciones y efectos secundarios -Todo en esta vida tiene sus contraindicaciones. Ya se sabe, hay que asumirlo -se dijo mientras buscaba una farmacia.

Se dirigió hacia la  más próxima al ambulatorio. Los pitidos en sus oídos se intensificaron: pip-peeeep, pe-pe. Sonrió; al menos esos últimos pitidos tenían algo de sentido. Haciendo un pequeño esfuerzo de imaginación se podía llegar a entender que en los sonidos de su tímpano se había producido un salto cualitativo; pe-pe, casi parecía algo inteligible.

Bien, paciencia. Con lo de que se le durmieran los pies y en el resto de las piernas sintiera como si por las venas le circulasen hormigas en vez de sangre, también se había asustado, y con el tiempo llegó a parecerle la cosa más normal, incluso los paseos de los bichitos a los largo de sus piernas le arrullaban el duermevela en que se habían convertido sus noches. Psicógeno; -le dijo esa vez la Doctora; que pase el siguiente.

Mientras esperaba su turno en la farmacia los iodos empezaron con su rollo otra vez
-pe-pe, pe-pe, pepe. Esta vez estuvo seguro de haber oído una clara intención dentro de sus orejas; habían dicho su nombre: Pepe. Así que tenía una falta de riego con cierta conciencia, esta vez su dolencia sabía decir nombres propios, en este caso, su nombre: Pepe.

Salió de la farmacia dando tumbos. Estaba impresionado. Pepe se recogió sobre si mismo para prestar toda su atención a sus oídos parlantes.

-Pepe es.

Pasar de decir un nombre a hacerlo acompañando a un verbo, y además uno de semejante envergadura le pareció a Pepe un hecho fascinante. Estuvo todo el día mascullando la frase y preguntándose por la posible intención de la misma. Que tenía una intención era indudable,  pero cual. Esa era la pregunta.

(Continuará. Si no fuese así que lo terminen esos merodeadores de Internet, esos que rapiñan las ideas en bruto de l@s demás, y a base de técnica "magistral", las depuran, las acrisolan y las venden. Ratas de alcantarilla)

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