miércoles, 27 de agosto de 2014

EL TEOREMA DE ARROW


La escaleta de mi casa huele. Yo quisiera que a la hora de merendar mi escalera oliese a te con pastas. Pero no. Por la mañana huele a café con leche y tostadas de pan con mantequilla y mermelada.

A media mañana huele a poyo asado, a veces, con pimientos otras con paratas fritas. En general, a la hora de la comida huele a frituras.

A la hora de la merienda no huele a nada. Debería oler a te, pero no, mi escalera no dice nada a mis narices cuando suben y bajan a esas horas sus peldaños.

El olor por la noche es más difícil de describir. A esas horas tiene unos matices que se superponen al dominante que es de sopa de verduras y pescado frito. También huele a deseo y a despecho. A envidias y a malas intenciones.

En el quinto piso, en cambio, huele siempre, sobre todo, a abrazos y a besos mezclados con olor a almizcle y a despedida de sepultura de un muerto reciente. Eso es por el abuelo enfermo que convive con la pareja.

Ya que hay que aceptar que la escalera huela; deseo, quiero, exijo, que a las cinco, y hasta las seis por lo menos, huela a te con pastas, o al menos, a te de bergamota.

No lo conseguiré, claro. No hago nada por conseguirlo. Por falta de vitalidad y porque soy vaga de una gran vaguedad. Soporto mal la frustración, por eso mis deseos no se concretan en acciones casi nunca. Según mi experiencia los deseos son perfectos; las acciones, jamás. Solo unos cuantos seres privilegiados rompen este maleficio y me confortan con sus creaciones. Pero esa perfección no se puede socializar. Mi escalera nunca olerá a te con pastas porque mi vecindario no toma ni te, ni con pastas. Ni con nada.

En esto estoy de acuerdo con el Teorema de la Imposibilidad de Arrow, aunque yo no lo aplicaría al sistema económico sino únicamente a lo de los olores de mi escalera.

Arrow demuestra que no es posible establecer un orden de preferencias sociales (bajo ciertas condiciones aceptables) a partir de las preferencias individuales. Al fracasar el acuerdo por la "vía democrática", dice, Arrow, se requiere un "dictador" que imponga su propio orden de preferencias sobre la sociedad.

Esto, unido a que no puedo ser dictadora porque siempre voy perdiendo o regalando lo que poseo, me mantiene en una actitud perpetua de frustración contemplativa. Es que, comprendan; me gusta estar sola.

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