martes 7 de febrero de 2012

PRUEBA_WISLAWA SZYMBORSKA


ESTACIÓN DE METRO

Prueba

Ay, canción de mí te burlas,
pues aunque fuera hacia arriba no me abriría como rosa.
Como rosa florece la rosa y nadie más. Lo sabes.

Intenté tener hojas. Quise poblarme de arbustos.
Conteniendo el aliento -para que fuera más rápido-
esperé el momento de convertirme en rosa.

Canción, tú que de mí no te apiadas:
tengo un cuerpo individual que en nada se transforma,
y soy desechable hasta la médula de los huesos.

De "Llamando al Yeti" 1957
Versión de Gerardo Beltrán

viernes 3 de febrero de 2012

Despedida de un paisaje_Wislawa Szymborska

Wislawa Szymborska


No le reprocho a la primavera
que llegue de nuevo.
No me quejo de que cumpla
como todos los años
con sus obligaciones.

Comprendo que mi tristeza
no frenará la hierba.
Si los tallos vacilan
será sólo por el viento.

No me causa dolor
que los sotos de alisos
recuperen su murmullo.

Me doy por enterada
de que, como si vivieras,
la orilla de cierto lago
es tan bella como era.

No le guardo rencor
a la vista por la vista
de una bahía deslumbrante.

Puedo incluso imaginarme
que otros, no nosotros,
estén sentados ahora mismo
sobre el abedul derribado.

Respeto su derecho
a reír, a susurrar
y a quedarse felices en silencio.

Supongo incluso
que los une el amor
y que él la abraza a ella
con brazos llenos de vida.

Algo nuevo, como un trino,
comienza a gorgotear entre los juncos.
Sinceramente les deseo
que lo escuchen.

No exijo ningún cambio
de las olas a la orilla,
ligeras o perezosas,
pero nunca obedientes.
Nada le pido
a las aguas junto al bosque,
a veces esmeralda,
a veces zafiro,
a veces negras.

Una cosa no acepto.
Volver a ese lugar.
Renuncio al privilegio
de la presencia.

Te he sobrevivido suficiente
como para recordar desde lejos.


De "Fin y principio" 1993        
Versión de Gerardo Beltrán

martes 31 de enero de 2012

Karim Gherab Martín*


Max Planck

La interpretación filosófica tradicional de los procesos de interacción cuántica afirma que el intento de observación de un objeto cuántico, como un átomo, requiere el inevitable intercambio de un cuanto de acción, equivalente a un múltiplo entero de ħ. La idea fundamental es que ħ simboliza la imposibilidad de una medida sin interacción y, con ello, destruye epistemológicamente la explicación causal determinista y anula la objetividad clásica vinculada a la noción de realidad fsica independiente de la observación.

Por una parte, la física clásica había interpretado los átomos (y demás objetos microscópicos) como esferas sólidas cuya posición y momento eran simultáneamente medibles con exactitud idealmente infinita. Este modelo, que interpretaba el mundo físico como un conglomerado de "bolas de billar", permitía presentar los átomos como objetos reales, con propiedades intrínsecas independientes de cualquier proceso de observación. Es decir, observar un átomo no implicaba afectar a sus propiedades cinemáticas y dinámicas. Así, la observación de un objeto microscópico resultaba ser independiente del acto de observación, que consiste en un proceso mediado por un instrumento de medida mesoscópico.

Sin embargo, por otra parte, la física cuántica introdujo un elemento distorsionador de este equilibrio entre el mundo microscópico y el mundo mesoscópico, diluyendo la independencia hasta entonces concebida entre el objeto microscópico observado (por ejemplo, el átomo) y el observador (por ejemplo, un detector). El principio de indeterminación de Heisenberg impuso la imposibilidad de medir simultáneamente la posición y momento (y, análogamente, tiempo y energía) de una partícula microscópica. Y como Bohr mostró claramente en los congresos Solvay, el objeto cuántico está inexorablemente ligado al instrumento de medida: para Bohr, el objeto fenoménico es el objeto en sí más el instrumento de medida.

Desde entonces, cualquier proceso de medida se ha considerado como un proceso distorsionador del estado del objeto físico observado como consecuencia del intercambio de, al menos, un cuanto de acción. El "transporte" del cuanto de acción se ha visualizado tradicionalmente como una interacción mediada por una partícula de prueba (por ejemplo, un fotón) que es la que "extrae" la información del objeto cuántico (por ejemplo, un átomo) que queremos observar. En el caso de un fotón y un átomo, el fotón nos aportaría información acerca del estado del átomo, pero dejaría el estado de dicho átomo alterado una vez efectuada la medida.

Sin embargo, experimentos recientes, basados en un ingenioso montaje experimental propuesto en 1993 por los físicos teóricos israelíes Elitzur y Vaidman, han mostrado que es posible la detección de objetos sin mediar absorción. Este tipo de medidas son conocidas como Interaction-Free Measurements (IFM) y algunos, como el conocido físico-matemático británico Roger Penrose, también las catalogan como "contrafácticas" porque es posible establecer una cadena causal de eventos y extraer información sobre el evento consecuente sin que se haya producido el antecedente. En general, el fenómeno que se produce es un derivado de gedankenexperiments (experimentos mentales) más antiguos llamados "experimentos de resultado negativo".

Distintas versiones del montaje experimental original de Elitzur y Vaidman que hacen uso de un efecto cuántico asombroso denominado Efecto Zenón Cuántico (que lo que hace, a grandes rasgos, es "congelar" la evolución de un estado cuántico en el tiempo) han conseguido mejorar la eficiencia de tal modo que varios físicos experimentales han sido capaces de detectar la presencia de un objeto físico sin interaccionar con él (en el sentido clásico, es decir, sin absorción o esparcimiento de la partícula de prueba por parte del objeto observado), con un nivel de certeza asintóticamente cercano al 100%.

Una de las predicciones teóricas más sorprendentes que ha sido obtenida con este tipo de montajes experimentales es la posibilidad de extraer, mediante una partícula de prueba (un fotón adecuadamente polarizado) información acerca del estado superposición en el que se encuentra un átomo sin destruir o alterar el estado superpuesto del átomo, es decir, que es posible conocer el estado interno del átomo sin hacer colapsar la superposición a uno de sus autovectores (que es la jerga de los físicos para denominar los diferentes e incompatibles estados observables del átomo). Es más, tampoco se vería afectado el entrelazamiento (otro efecto cuántico sorprendente) de dicho átomo con otros átomos. En resumen, se extrae información manteniendo la coherencia cuántica del átomo.

Huelga decir que ya hay físicos y filósofos de la física intentando acometer una reinterpretación de los fenómenos cuánticos desde una perspectiva filosófica renovada que tome en cuenta las sutilezas de los descubrimientos realizados en fechas recientes, trazando una nueva línea de demarcación entre el objeto microscópico observado y el observador mesoscópico que no puede seguir siendo el concebido por la física cuántica tradicional, a saber, el intercambio de un cuanto de acción ħ mediado por una partícula de prueba.


Karim Gherab Martín ha sido consultor TIC en varias multinacionales (Telefónica, Indra, Sema Group y Accenture) y ha preparado informes de índole tecnoestratégica para organismos públicos (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Comunidad Autónoma de Madrid, Caja Costarricense del Seguro Social). Es licenciado en Física Teórica y doctor en Filosofía de la Ciencia y la Tecnología. Ha realizado varios postgrados en Autómatas Programables y en Gestión del Conocimiento y Business Intelligence.
Ha sido profesor en la Universidad de Harvard, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad San Pablo CEU, además de la Universidad del País Vasco.
Gherab también ha colaborado como evaluador experto para la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) y ha recibido el Premio de Ensayo 2005 de la Fundación Everis por la obra “El templo del saber: Hacia la Biblioteca digital universal”.
Ha publicado artículos y libros en prestigiosas editoriales, tales como Oxford University Press, Palgrave-Macmillan, Chandos Publishing y Ediciones Deusto (Planeta DeAgostini). Sus últimas publicaciones son:
- 2011: “Digital Repositories, Folksonomies and Interdisciplinary Research – New Social Epistemology Tools”, en Sharlene Hesse-Biber (ed.), Handbook of Emerging Technologies and Social Research. Oxford: Oxford University Press.

- 2010: Mapping Emerging Digital Spaces in Contemporary Society: Properties of Technology. London: Palgrave Macmillan.
- 2010: Tecnología y cultura: La larga sombra de Gutenberg. Madrid: Editorial Luarna. ISBN 978-84-926-8480-9.
- 2009: “Arguments for an Open Model of e-Science”, en Bill Cope & Angus Phillips (eds.), The Future of the Academic Journal. London: Chandos Publishing. ISBN 978-18-433-4416-2.
- 2009: Monografico “Ciencia y cultura en la Red”, Arbor. ISSN 0210-1963.
- 2008: The New Temple of Knowledge: Towards a Universal Digital Library. Chicago: Common Ground Publishing. ISBN 978-18-633-5609-1.
- 2006: El templo del saber: Hacia la biblioteca digital universal. Barcelona: Ediciones Deusto. ISBN 84-234-2419-7.

viernes 27 de enero de 2012

A UN OLMO SECO_ANTONIO MACHADO
























Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

jueves 26 de enero de 2012

ONDAS DE RADIO Raymond Carver_Para Antonio Machado



 La lluvia ha cesado, y la luna ha salido.

No entiendo nada de las ondas de radio.

Pero creo que se transmiten mejor justo

después de llover, cuando el aire está húmedo.

En cualquier caso, ahora puedo coger Ottava, si quiero,

o Toronto. Últimamente, de noche, me sorprendo

ligeramente interesado por la política canadiense

y sus asuntos internos. Es verdad. Pero normalmente

lo que buscaba eran sus emisoras con música. Me siento

aquí en la butaca y escucho, sin tener nada que hacer,

o pensar. No tengo televisor, y dejé de leer

los periódicos. De noche pongo la radio.

Cuando escapé aquí trataba de alejarme

de todo. Especialmente de la literatura.

De lo que ella entraña, y de lo que trae a rastras.

Hay en el alma un deseo de no pensar.

De estar quieto. Emparejado con éste,

un deseo de ser estricto, sí, y riguroso.

Pero el alma también es una afable hija de puta

no siempre de fiar. Y olvidé eso.

Escuché cuando dijo: Mejor cantar a lo que se ha ido

y nunca volverá que a lo que aún sigue

con nosotros y estará con nosotros mañana. O no.

Y si no, también está bien.

Tampoco importa demasiado, dijo, si un hombre nunca canta.

Esa es la voz que escuché.

¿Puede imaginarse que alguien piense cosas así?

¡Qué absurdo!

Pero tengo estas estúpidas ideas de noche

cuando me siento en la butaca y oigo la radio.

Entonces, Machado, ¡su poesía!

Era como un hombrecillo mayor que se vuelve

a enamorar. Una cosa digna de observar,

y embarazoso, además.

Y llevo tu libro a la cama conmigo

y me duermo con él a mano. Un tren pasó

en mis sueños una noche y me despertó.

Y lo primero que pensé, el corazón acelerado

allí en el dormitorio a oscuras, fue esto:

Todo es perfecto, Machado está aquí.

Entonces me volví a dormir.

Hoy llevé tu libro conmigo cuando salí

a dar mi paseo. "¡Presta atención!" -decías,

cuando alguien preguntó qué hacer con su vida.

Conque miré alrededor y tomé nota de todo.

Luego me senté al sol, en mi sitio

de junto al río desde donde puedo ver las montañas.

Y cerré los ojos y escuché el sonido

del agua. Luego los abrí y me puse a leer

"Abel Martín".

Esta mañana pensé mucho en ti, Machado.

Espero, a pesar de lo que sé de la muerte,

que recibirás el mensaje que pretendo enviarte.

Pero está bien aunque tú no lo recibas. Que duermas bien.

Descansa. Antes o después espero que nos veamos.

Y entonces yo podré decirte estas cosas directamente.

miércoles 18 de enero de 2012

ANTONIO MACHADO DICE...

Arde en tus ojos un misterio, virgen
esquiva y compañera.

No sé si es odio o es amor la lumbre
inagotable de tu aljiba negra.

Conmigo irás mientras proyecte sombra
y quede a mi sandalia arena.

-¿Eres la sed o el agua en mi camino?
Dime, virgen esquiva y compañera

lunes 16 de enero de 2012

LA CENA DE LOS NOTABLES_SOBRE LECTURA Y CRÍTICA*

Ahora pongan atención. Las palabras son de todo el mundo.  Ustedes tienen, pues, la obligación de hacer de las palabras lo que nadie ha hecho.
PIERRE REVERDY, LE GOÛT DE CRIN



Cabe pensar que la escritura nació ligada al poder aunque nos guste pensar que fue creada para dar honra, voz y cobijo a la memoria. Debió de parecer un acto de magia o diabólico, sagrado en cualquier caso: sobre un pergamino pintarrajeado o una tablilla con incisiones viajaban, por encima del espacio y del tiempo, palabras, historias, mandatos. El poder de la memoria y la memoria del poder. Lo memorable. Cabe entender la lectura como una conquista irreversible, incruenta, a la que no acompaña ni explotación ni esclavitud alguna. Como territorio libre, frontera de un horizonte que no acaba, hogar nómada, patria sin patriotismos, grata intemperie, espejo mágico donde la madrastra reconoce sin odio el añorado rostro de Blancanieves. Cabe imaginar la crítica como ágora de las lecturas compartidas, asamblea donde se sopesan las palabras, los silencios y las historias colectivas. Nota y sonido referencial que ayude a afinar el instrumental semántico en medio del bullicio comercial de cada día. Recuento y vuelta a empezar.  Tañido de campana que ordene el espacio y las cosechas, el calendario y los encuentros, el ocio y el afán.  Y cabe reflexionar por qué cabe lo que cabe y por qué no cabe lo que no cabe.


Los escritos que aquí se reúnen son el resultado, merezca éste el juicio que merezca, de años de trato con la actividad literaria, entendida en el más amplio sentido posible, y de la reflexión sobre algunas de sus claves: la escritura, la lectura y la crítica. Con muy especial acento, presencia y atención a la ficción narrativa, alrededor de la cual gira de modo dominante la constelación de materiales que en el libro se agrupan. Entiendo, sin embargo, que parte de ellos podrían ser trasladables, con la necesaria adecuación, a aquellos otros ámbitos literarios que como la poesía, el teatro o el ensayo, no se abordan directamente en estas páginas. También quedan fuera de este libro, al menos de manera explícita, aspectos como la publicación, la edición, la distribución, la difusión o la recepción social y cultural que intervienen en la construcción semántica del «acto literario » con relevancia pareja al menos a la de la tríada, escritura, lectura, crítica, que la tradición humanista ha venido privilegiando como centro de su interés y de sus intereses.


Quiero pensar que los acercamientos a lo literario que aquí se proponen se levantan sobre unas coordenadas básicas con capacidad suficiente para trazar algún perfil útil y representativo de ese acto literario sobre el que se ha venido construyendo el espacio de interrelación social que llamamos literatura. Sus ejes tienen su punto de encuentro y origen en el concepto de responsabilidad.  Responsabilidad del que habla y responsabilidad del que escucha, responsabilidad del que escribe y responsabilidad del que lee. La literatura como pacto de responsabilidad es la noción de lo literario que atraviesa estas reflexiones y bien puede decirse que su argumentación es el argumento de este libro. Entendido el acto literario como singular uso del patrimonio público que el lenguaje representa y mediante el cual nos constituimos como seres sociales que somos, la responsabilidad aparece como elemento necesario, inevitable y deseable.  Estas reflexiones y comentarios surgen a partir del análisis de los cambios que el contexto sociocultural concreto introduce en las condiciones de ese pacto.  Lo que atañe a la lectura tiene su raíz en el convencimiento de que es la realidad que nos acompaña quien lee con nosotros, al tiempo que, dialécticamente, esa realidad brota de la lectura que efectuamos de lo existente, material o inmaterial, tangible e intangible. Y que, en efecto, toda lectura es personal, si bien, y precisamente por serlo, es lectura compartida, común, colectiva. La lectura como espacio común, aunque pasado por el tamiz de las huellas dactilares que conforman nuestra personalidad lectora. He tratado de dar cuenta de cómo las relaciones sociales, igual que están presentes en toda comunicación, intervienen en el proceso personal y colectivo que es el acto de leer.


He pretendido abordar la crítica como una actitud y como una posición. La actitud de quien se pregunta por las razones y causas de sus gustos, de sus prejuicios y de su ideología. La posición de combate de quien no está conforme con la narración dominante en la vida social ni con las narraciones dominantes en los medios culturales, ni, menos aún, con la presunción de que lo literario sea un aval estético que funcione como distinguida patente de corso. Un aval que no admite más interlocución que la proveniente de aquellas instancias que se definen tautológicamente por ser dueñas de ese concepto, la literatura, donde se presume su legitimación. Me he acercado a la figura del crítico como generador de discursos públicos y como interlocutor que, de igual a igual, interroga en voz alta los textos que una sociedad se oferta a sí misma a través de unos mecanismos concretos de producción, circulación y consumo que son elaboración y expresión del sistema social sobre el que la sociedad se asienta y en la que la crítica interviene. El crítico como el que lee su lectura y sabe que las circunstancias de toda clase en las que esa lectura tiene lugar son parte de ella. Soy consciente de que determinados puntos de partida presentes en los textos: la literatura como palabra publicada, el bien común como piedra angular de cualquier pretensión de hacer comunidad, la edición como sistema de legitimación, la usurpación de lo memorable por las élites o la crítica como actividad dependiente de los medios de comunicación de propiedad privada, están siendo hoy cuestionados por la aparición, en la esfera cultural y social, de ese nuevo medio de expresión y relación social que Internet y lo digital representan. Y es válido presuponer que algunos de aquellos presupuestos pueden estarse viendo alterados. El llamado ciberespacio se presenta con vocación de espacio público o nuevo ágora, sin que a mi entender pueda todavía afirmarse si esto llegará a ser un hecho, si logrará de forma efectiva mover las fronteras entre lo público y lo personal o si, en definitiva, nos encontramos ante una mera extensión cuantitativa de la esfera de lo privado que, dadas las relaciones de producción actuantes, el capital acabará controlando y jerarquizando. Entiendo que sería apresurado convenir en que una novedosa tecnología, por sí misma, sin cambios cualitativos en las relaciones sociales, pueda hacer saltar la condición de mercancía que el vigente sistema económico aplica a toda comunicación pública, convirtiendo su posible valor de uso en inevitable valor de cambio. Me resulta difícil compartir al respecto el optimismo de los que creen ver en las nuevas tecnologías una oportunidad para que la economía del don logre ser admitida en el banquete de la economía mercantil.


Todo tiene su historia, y la historia de este libro se remonta hasta el ya lejano día en que alguien le regaló al niño que por entonces éramos una historia fingida, A través del desierto y de la selva, y continuó con el encuentro con otros libros: La isla del tesoro, Martin Eden, Madame Bovary, otros obsequios, otros maestros, otros interlocutores y otras historias reales, sufridas o disfrutadas.  En cierto modo estos escritos son el intento de encontrar el sentido de esa narración coral, personal y colectiva.


Alguien dijo que cuando alguien se pregunta sobre el para qué de la lectura acaso sin saberlo ha encontrado una respuesta: leemos para aprender a preguntarnos por qué leemos. Puede ser. En todo caso, en eso estamos.

*www.elboomeran.com

viernes 13 de enero de 2012

Jesús Lizano, poeta místico y libertario_EL PRIMER SER HUMANO QUE HE CONOCIDO EN TODA MI VIDA

Jesús Lizano, poeta místico y libertario
Qué es ser poeta?
Ser mensajero de la belleza.

¿Usted lo es?
No puedo evitarlo, como no puedo evitar hacer pipí. Es un imperativo de la naturaleza, una energía creativa que me tiene, que me vive.

Se nace poeta, pues.
Yo nací gracias al papa Pío XI: mis padres eran primos y sin su dispensa mi madre jamás se hubiese casado.

¿Cuándo comenzó a escribir poesía?
"Tiene usted madera de escritor", me dijo un profesor a los doce años. ¡Bah, eso es anecdótico! El artista lo es más allá de su voluntad. Es una fuerza que le tiene. El artista de verdad, quiero decir.

¿Hay artistas de mentira?
Sí, los que buscan premios, galardones, medallas, cargos, sillones de académico... Para el artista auténtico no hay amor propio, no hay vanidad.

¿Acaso no quiere reconocimiento?
El artista de verdad vive sólo para su obra, y su obra es para los demás. La obra no nace hasta que no llega a los demás. El artista sabe que no tiene mérito, que es la energía creativa la que le vive. Por eso no se le puede conocer ni juzgar sin leer su obra.

¿Cómo le han juzgado?
Muy bien, excepto desde el poder literario, y es lógico: en vez de buscar su apoyo he criticado que la cultura esté en manos del poder.

¿Y qué quiere el poder?
El poder agradece que guardes las formas, la educación, que seas adulador..., y yo no atildo mi indumentaria, no vigilo mi aspecto, olvido cuidarme...

Vaya...
Cuido mucho mi vida interior, y nada la exterior. A la burguesía le importa la forma, no el fondo: es normal que yo no les guste. ¡Pero que lean mi obra, que la lean!

¿Descubrirán a un anarquista?
De un anarquismo poético, no político.

¿Qué propone su anarquismo poético?
Fe en lo humano, fe en que podemos superar la estructura dominante-dominado, fe en que la ayuda mutua sea nuestra única ley y moral. ¡Basta ya eso de que las ideas estén por encima de las vidas! Todos somos compañeros. Mi patria es el mundo y mi familia es la humanidad.

Me temo que hoy su anarquismo poético no pinta mucho...
¡Mi mundo no es de este reino!

¿Veremos ese mundo que sueña?
El primer verso de mi primer libro fue "he descubierto tierra". Aquella tierra era la Acracia... Se verá cuando nos coordinemos en comunidades humanas, no políticas, no religiosas, no familiares...

¿Descubriremos esa tierra mediante la política?
No: en vez de vernos como fragmento de lo natural, como mamíferos humanos, la política nos obliga a vernos como fragmento de lo social que los dominantes controlan.

Pero necesitamos organizarnos...
Sí, pero no que unos pocos sean los que nos organicen, manipulen y, si conviene, nos destruyan, como en las guerras.

¿Cómo se ha ganado usted la vida?
Licenciado en Filosofía, impartí clases en un instituto durante unos años. El primer día anuncié a los alumnos: "¡Estáis todos aprobados, venid a clase sólo si queréis!". Y me hice llamar antiseñor. El director me conminó a cambiar de actitud.

¿Obedeció usted?
¡No! Y al tercer año dejaron de renovarme el contrato. Entonces me empleé como corrector literario de una editorial. Pero mi necesidad imperiosa de escribir poesía irritaba a mi jefe, que me denunció a su superior.

¿Y volvieron a despedirle?
Di a leer mi poesía al superior, ¡y entendió!: me puso un despachito para mí: a la vez que hacía mi trabajo como corrector, pude seguir escribiendo durante 22 años.

Tuvo suerte.
Sí, porque no se puede crear sin tiempo libre, sin libertad de pensar y sentir: por eso la compañera de mi vida ha sido la soledad.

¿No ha tenido amor?
Sí, he tenido amor y he tenido compañera. Un amor que ha sido el amor de mi vida... y una constante compañera: la soledad.

¿Y ahora?
Mi consuelo es hacer la compra cada mañana y saludar a las vendedoras del mercado, que me quieren mucho. Esto alimenta el alma. Saldré un día a la calle con un cartelito al cuello que diga: "Necesito cariño".

Habla de la conquista de la inocencia...
No se trata de conquistarla, sino de que sea ella la que nos conquiste. ¡La naturaleza!

¿Qué poetas le emocionan?
Todos los auténticos. Es ella, la poesía, la que me emociona. Pero se están muriendo los poetas. Mire, yo mismo...

¿Qué le pasa?
Leucemia. Me estoy muriendo. Estoy enfermo, agotado... ¡Pero no deprimido!

¿Le asusta la muerte?
En absoluto. Morir de viejo es natural. He llegado a viejo, he tenido muchas experiencias y lo comprendo mejor todo: está bien, no hay drama. He vivido.

¿Está contento?
Tampoco. Pero el intríngulis es tener vida interior. Y albergo la ilusión de ver publicada la segunda parte de Lizania antes de morir. Gastaré mis ahorros en editarme.

¿Nos despedimos con un poema suyo?
"El capitán / no es el capitán. / El capitán / es el mar...".